jueves, junio 21, 2007

OTROS CAMINOS

Las pisadas que dejaron mi paso por el mundo serán siempre perceptibles por más que la suerte quiera borrarlas. Porque no se muere un día sin que nazca un zopilote, ni amanece una tarde ni anochece una madrugada.

Aunque quién sabe, talvez sí hacen ruido las hojas que caen en el otoño ardiente, el del beso robado, el del polvo mal echado, el del encule hondo en lacasa de la montaña de Corte Madera California.

Cuando menos esperaba el aguijón se presentó artero, no le importó la cadencia del pájaro que voló de su nido para posarse en la rama ajena, esa que se quebró cuando menos lo esperaba.

Mmmmm, mmmm, mmmmm, hijueputa el que quiso morder la mano del que le dio de hartar. Hijueputa, peor que el chucho que me mordió frente a la Bermeja, cuando estaba chiquito (echalo, por si las moscas!), ese chucho que hoy ha de estar más muerto que la peste que atravesó el recuerdo del dolor de ya no verte.

(No puedo volver a la casa que me dio el ser porque cuando traté de entrar la Mara Salvatrucha eliminó las ilusiones de despertar recuerdos guardados en lo más profundo del mar mental.)

Pues bien, el norte se retiró por la puerta de atrás, para ya no regresar, porque se volvió malo y le cambiaron la chapa a la puerta por órdenes de la vieja que creyó que al no dejarlo entrar se garantizaba el no regreso de la gaviota a su habitat.

No gozo porque el famoso vea a su hija, simplemente no importa, como no me importa que aquel haya dormido en las afueras del Gimnasio Nacional Adolfo Pineda.

"Hijo mío veeeeeeen, no seas mi tormento; torna a Soreeeeeento, hazme feliiiiiz.....!" Así dijo el Pulga en la velada de su escuela en 1965. El pobre se murió por borracho en 1981 (dijo que se había cogido a la profesora, pero yo nunca le creí.)

En México me asaltaron en 1983, pero eso vale verga.

Adiós!

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