jueves, agosto 25, 2016

MI SUEÑO DE ESCRITOR SE HACE REALIDAD


Gracias a la incondicional ayuda de mi hermanito Guillermo Campos, el sueño de ver mi libro en los estantes de la Librería La Ceiba, es ya una feliz realidad. De veras no salgo de mi marasmo al ver las fotos de A LA SOMBRA DEL TIEMPO siendo ofrecida por tan prestigiosa editorial.

Desde niño me pregunté qué sentirían los artistas de cualquier género cuando veían su foto y su obra expuesta en una estante de librería, en una galería, o en cualquier almacén o lugar con acceso al público...ahora yo lo estoy sientiendo...y no lo puedo creer...

Que mi libro se venda o no, es algo bien secundario para mí. En primer lugar porque, gracias a Dios, ostento dos profesiones cuyo ejercicio ha sido más que suficientes para llevar pan a mi mesa y sobrevivir modestamente decente con mi familia. En segundo lugar, porque la triste realidad es que en nuestro país, la mara está más preocupada por comprar comida que por comprar libros; y finalmente, porque estoy plenamente consciente de que apenas comienzo a crear un nombre como escritor, nadie me conoce en El Salvador, y el interés de los lectores de adornar sus libreras con mis obras, es mínimo, si no inexistente.

De lo que sí estoy seguro es de que mis amigos, especialmente mis amigos en FB, sí van a comprar mi libro para su disfrute personal, y para regalarles a sus amistades, especialmente en las fiestas de Navidad, van a regalar cultura.

Con todo y todo, mi alegría es enorme! Ver mi libro en los estantes de una de las dos editoriales más prestigiosas de El Salvador y Centroamérica, es ya vendaje en mi vida pletórica de sueños realizados. Eso sí, todo gracias a mi Dios y a mi hermanito que se prodiga por ayudarme a lograr mis antojos. Como él mismo dice: "Este loco no pesa, es mi hermano...."

domingo, agosto 21, 2016

YO, EL PRIMER ACTOR


"Los hacelotodo..." 
ROQUE DALTON.


De todos los roles que yo he desempeñado en la larguísima historia de mi vida, (que van desde abogado a limpiador de moteles), el más extraño (pero muy disfrutado), fue el de actor de teatro.


Ocurrió a mediados de 1988. Dios, cómo gocé esos tres meses al lado de un grupo de talentosos amigos, todos salvadoreños, con quienes nos reuníamos cada fin de semana en un local en el área de la Mission de San Francisco, a ensayar poemas de Roque Dalton, y una corta obra de teatro: EL MEETING, dedicada también a nuestro vate máximo; y creada por la artista de talentos múltiples, y honrosamente mi amiga, Martivón Galindo.

Nos dirigía la actriz Hilda Lewin, orgullo nacional, quien con suma seriedad y paciencia nos transmitía sus conocimientos, y con estoicismo soportó alguno que otro dolor de cabeza provocado por no hacer las cosas tal como ella nos las trataba de transmitir. Esto ocurrió particularmente al principio de los ensayos, porque pasados un mes y medio, todos los involucrados habíamos hecho una química asombrosa, y nuestros papeles rayaban con la perfección, en mi opinión.

No nos aguantábamos porque se llegara el día de nuestro debut en el mágico mundo de las tablas, y cuando al fin llegó irradiábamos entusiasmo y emoción a borbotones.

Hicimos dos presentaciones a casa llena en el prestigioso Mission Cultural Center de San Francisco, y nuestro éxito fue de tal magnitud, que, hasta donde yo recuerdo, fuimos solicitados por organizaciones comunitarias de salvadoreños en Los Angeles y Nueva York. Invitaciones que, agradecidos, amablemente declinamos porque todo aquello era solo un pasatiempo (uno de lujo) para nosotros. No se trataba de una compañía de teatro profesional que podía ir en gira por el mundo. ¡Pero cómo me habría encantado que lo hubiera sido!

Con Hilda Lewin
Por mi parte la mejor recompensa a mi "histrionismo", la recibí un par de años más tarde cuando en un almuerzo con Hilda Lewin, en un restaurante salvadoreño de la Mission, la genial actriz me reveló lo siguiente: "Alfredo, yo no se lo quise decir en aquellos días, pero Ud. fue el actor principal, y el que mejor desempeñó su papel en el grupo."

Nadie puede imaginar el efecto que las palabras de la respetada actriz causaron en mi mente. Baste decir que desde entonces pienso que Richard Burton, Marlon Brando y los hermanos Soler, son cosa de risa, comparados con el "primer actor Alfredo Campos..."

miércoles, julio 20, 2016

MI PRIMERA NAVE: UN HIILLMAN MINX, 1959


Mi primer carrito fue un regalo de mi madre, como premio porque había dejado de hartarme guaro. Corría 1974. Mi amadísima progenitora le había pagado la friolera de quinientos colones a doña Olivia, una apreciada clienta. Casi se lo regaló. 

Mi nave alcanzó la celebridad con la mara de la colonia Las Colinas de Mejicanos, y mis compañeros de la Facultad de Derecho de la UES a mitad de los setenta. Diez pesos de gasolina bastaban para molotearlo la semana entera. 

Me llevaba a la Universidad y a mis lugares de trabajo; los fines de semana a pasear con mi familia, y entre semana, por las noches a a joder a todos los chupaderos imaginables de San Salvador. Porque aunque no me echaba los tapis, mis aleros sí, aunque yo jodía más que ellos en las noches de farra.

Presente tengo a mi panita Tito Zelada los viernes tipo cinco de la tarde gritándome: “Hey Fredy, andá traete el nave le vamos a echar diez pesos de gasolina y dos pedos en cada llanta, y nos vamos a joder a los Héroes” y yo contestando al chilazo: “¡Vergón, monós pa’l Yate o pa’l Top’s, pué...!” Después me tocaba andarlos dejando a todos en sus casas a deshoras de la noche, con la subsecuente puteada de las esposas “por andarles sonsacando a los maridos”, y por último arriesgando mi pellejo cuando me regresaba solo para mi choza. 

 En alguna ocasión llegó a contener diez bolos mi carrito, sin que hasta este día haya una explicación lógica y razonable para tan cruento desaguisado.

Mi perol me conoció un buen número de novias (los empleados de la gasolinera cercana a la facultad de Derecho gritaban ahí viene el Mil Amores cuando lo veían asomar) La carretera a Los Planes se la sabía de memoria. Fue testigo presencial de todo el noviazgo con la Amalita; se le solía ver en las oscuranas de Ciudad Delgado cuando la iba a visitar (así era de osado el animalito.) Cuando escucho la canción Mi Cacharrito de Roberto Carlos, pienso en mi Hillman que está bien descrito en la icónica rola del querido cantautor brasilero. 

Cuando después de un tiempo me merqué otro carro, el Hillmitan pasó a manos de mi hermano Guillermo Campos, que lo primero que hizo fue cambiarle el color para empezar otra historia. ¡No, y ya con mi hermano y su cohorte de féminas adentro, se ponía tan caliente que el pobrecito carro terminó fundido...! 

Siempre que voy a El Salvador me parece que veo mi perolito en cada recodo de la ciudad, particularmente en Mejicanos, la Zacamil, Ayutuxtepeque, Ciudad Delgado, Los Planes y el Puerto. O casi lo veo estacionado frente a la Bogle en Mejicanos, la Barrundia en San Jacinto, o el Oso en el centro de la capital, y medito: "Este mi hermano que no se compone..." 

 Aquí en esta foto aparecemos los dos en Tushte (Ayutuxtepeque, para los que no son de la zona.) Quién sabe qué demonios andábamos haciendo, pero lo cierto es que mejor idea no se nos pudo ocurrir: una foto conmigo encaramado en mi Hillmitan, y con mi imponente volcán de San Salvador de fondo. Tres linduras en la misma foto, ni más ni menos☼