lunes, febrero 26, 2007

CARLOS DE LOS COBOS, ENTRENADOR Y DIPLOMATICO

Puntual, pulcramente vestido, pausado en el hablar, frugal en el comer, escogiendo cada palabra como para evitar el más mínimo malentendido; consciente que de lo que salga de sus labios, aún de una conversación casual, depende en gran medida el destino de su gigantesco compromiso: enseñar a jugar fútbol a un grupo de jóvenes que dejan mucho que desear en lo que a lucir la camiseta de una Selección Nacional respecta.

Carlos de los Cobos estaba ya sentado en la silla directriz en un sector apartado del restaurante La Pampa Argentina de la colonia Escalón de San Salvador, cuando llegamos mi mujer, mi hermano y yo.

Platicaba con Marvin Bernal, Secretario de la FESFUT, mi amigo personal, la esposa y su primogénito homónimo. Marvin había arreglado la reunión.


Yo soy despiadado en lo que a críticas a nuestro fútbol respecta. Pienso que desde la selección del '82, que, por otra parte, nos hizo pasar el peor ridículo de la historia nacional, en El Salvador ya no se juega fútbol. Las escasísimas estrellas fugaces que desaparecen con la misma rapidez que aparecen, no hacen más que confirmar mi acierto: En El Salvador, el fútbol no se ha estancado, se ha retrasado.

Yo le expresé mi sentir a de los Cobos.

Que conste, soy salvadoreño y deseo con el alma que salgamos del hoyo endémico en el que nos encontramos deportivamente hablando y seré el primero en alegrarme, talvez desde mi tumba, el día en el que armemos un equipazo como el del '70 e incluso, el del '82. Pero en los últimos 25 años, vamos más para abajo que el Titanic.

Luego de unos 20 minutos de conversación, y solo después de convencerse de que no estaba bromeando con mi crítica despiadada, empezó la conversación a tomar forma poniendo los puntos sobre las íes, al punto que el gran mexicano en un momento llegó a hablar, siempre con diplomacia, de las profundas falencias de nuestros jugadores.


-Cuando uno se hace cargo de una selección, dijo con su voz pausada y segura, espera que los jugadores ya vengan formados por sus equipos, pero es lamentable darse cuenta que hay casos en los que no se tiene ni la noción de lo que es la recepción. Hay que empezar de allí...así es difícil...

-Maestro -me limité a decir, sólo le agradezco el que se haya hecho cargo de ese grupo, y le pido de favor que no se nos vaya a decpcionar, al menos no tan rápido, porque Ud. representa una esperanza cierta para los salvadoreños que tenemos fe en los mexicanos cuya evolución en los últimos cincuenta años es tan notoria que los ha puesto en lugares de privilegio en el concierto futbolístico mundial.

Mire que el partido México-Argentina del último mundial (Alemania '06) ha sido considerado por la crítica especializada, como una de los mejores juegos de todos los tiempo y el más intenso de todo el campeonato.



El resto fue hablar de lo que necesitamos con urgencia: a. Organización administrativa (aún con la presencia del federativo allí); b. Arranque desde las Ligas Menores; c. Fogueo internacional, y d. Urgentes mejoras infraestructurales, entre otras cosas.

En un momento salió el tema del bochornoso binomio Barcelona-Real Madrid, tan arraigado en El Salvador, del que yo nunca he participado ni un tan solo segundo. Estuvo de acuerdo el profe que solo en este país se da ese triste y lamentable caso de interés por dos equipos de los que ni siquiera saben en donde quedan sus sedes.

-Fíjese, me dijo, que cuando vino mi esposa le conté sobre ese fenómeno y al ella no creerlo, se lo comprobé, llamé a un chamaco cualquiera y le pregunté: "A quién le vas en fútbol?" sin especificarle nacionalidad de inmediato el junior me contestó: "Al Barza", "Mi mujer no salía de su asombro".

Mi hermano y el Dr. Bernal, que se hallaban en la tertulia, y participan del sinsentido, no sabían ni para dónde mirar al sentir la talegueada del experto que nos aclaró que en ningún país él había visto tal fenómeno.


Como un auténtico mexicano educado y sabiendo lo que significa su presencia para los salvadoreños, nos dio una gran esperanza y confirmó su compromiso de trabajar duro para sacarnos del bache futbolístico en el que nos hallamos.

Al final sacó a lucir su fino sentido del humor y agudeza mental. Cuando yo le dije que una de las cosas por las que me iba a alegrar cuando me muriera iba a ser el que finalmente me iba a deshacer del estigma del 10 a 1 del Mundial del '82, el estratega, con una sonrisa sardónica replicó:

"No esté tan seguro, puede ser que el diablo lo esté esperando con una camiseta de Hungría para que la use para eterna memoria...!"

El grupo explotó con una carcajada que hizo levantar hasta a los de algunas mesas vecinas.

Luego hablamos sobre sugerencias que le enviaban miembros del Foro Mundial de los Albos del Alianza, nos tomamos fotos y cada quien para su casa.

Ese es Carlos de los Cobos, un joven entrenador que aceptó el reto de cambiarle la dirección al fútbol en El Salvador. Un dsafío tan difícil, como usar la camisola de Hungría en el chimbolero.

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