miércoles, septiembre 17, 2008

CARTA A UN HOMBRE MUERTO QUE VI CUANDO ESTABA CHIQUITO

Hombre muerto:

Esa tarde caminaba de la mano de mi abuelita cerca del la sección de emergencias del Hospital Rosales, vimos un barullo en la calle y sobre el pavimento estabas vos bien serio. De veras que era irónico todo aquello, un muerto tirado en la calle a las puertas de la sección de emergencias de un hospital. No lo entendí esa vez ni lo entiendo ahora, el caso es que estabas bien muerto.

(Perdoná que te trate de vos pero, la verdad, no sé cómo se trata a los muertos).

Para serte franco vos fuiste el segundo muerto que yo veía en mi vida (la primera había sido mi abuelita Ester, la mamá de mi papá, a quien me obligaron a ver, porque yo no quería, fue en el '57, con apenas cuatro añitos no quería enfrentar a la muerte ni por la gran puta. Pero viene mi tata y me levanta para que viera a huevo a la viejita muerta. Quedó tan plantada en mi mente su imagen inerte que hasta este instante la recuerdo como si hubiera sido hace dos minutos). Pero bueno, esa es harina de otro costal.

El caso es que esa vez me diste una gran lástima. Mi abuelita Ester me causó miedo, vos me diste lástima, pensar en cómo habrá sido el momento del impacto, sólo horas antes habías estado bien vivo, quizás habías echado un tu polvorete o habías estado contando chistes con la mara, o talvez venías de pedir pisto prestado, ¿Habrás tenido mujer e hijos a tu cargo? Cómo habrán recibido la noticia en tu casa, quizás hubo desmayos, gritos, lágrimas, alaridos; o quién sabe si se habrá alegrado algún vecino que estaba enculado de tu mujer. Puta, también es posible que no hayan tenido pisto en casa y se hayan enhuevado para comprarte la caja. Cuántas dudas...

Aquellos tus ojos semiabiertos y tus labios resecos y el rictus de sangre que salía de su comisura me causaron estupor (especialmente porque por un momento noté que me veías a mí y presentí que estabas vivo y me decías "bicho, llevame al hospital...!") Fue allí cuando empecé a llorar a moco tendido, y para más joder mi abuelita me regaño por nagüilón, mi viejita linda nunca supo lo que pasaba en mi mente en ese instante. Y toda esa gente Dios mío, cuál era la onda de ver a un hombre muerto, (Quizás es aquel cierto gozo de saber que el palmado es otro, y una certeza macabra de que tarde o temprano vamos a ser nosostros, lo que nos hace correr a la escena de un palme).

Era de tarde, bien me acuerdo, mi abuelita me tomó de la mano y empezamos a caminar, yo seguí volviendo la cabeza hasta donde vos estabas. Fue allí que me prometí y te prometí algún día escribirte una carta. Hoy cumplo mi promesa. Si aún estabas vivo cuando me viste, sabé que yo empecé a morir con vos en ese instante...

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