martes, marzo 24, 2009

ANGELES EN EL CAMINO: PEDRO FLORES PEÑA

Era poeta, parece broma pero cuando nos presentamos yo ya lo conocía a él, él a mi, no.
Y es que nadie que a principios de los ochenta hubiera estado involucrado en la carrera de derecho, o trabajado en el sistema de justicia de El Salvador, habría podido decir con razón, que no conocía a Pedro Flores. Para ser más justos debo agregar que todo el que le conocía, admiraba y respetaba a aquel líder estudiantil y de los trabajadores de los Juzgados, que apariencia de líder era lo que menos tenía. Sin embargo todo el mundo sentía la esperanza para reivindicar sus derechos al nomás ver que aparecía Pedro en la palestra. 
Era flaco, de estatura media, cara de niño y de mirada limpia que cuando te la dirigía sentías que penetraba en lugares recónditos de tu alma. Era también de los poquísimos salvadoreños que en mi vida he conocido, que cuando hablaba contigo te miraba fijamente a los ojos. 
Sencillo en el vestir pero siempre andaba pulcramente limpio. Amaba a las mujeres y particularmente amaba a dos que vivían en su corazón más arraigadas que su arteria aorta: su esposa Ruthdey y su hija Dulcinea ("A mi hija le puse ese nombre porque Dulcinea es la concepción más grande de la belleza que un hombre pudo imaginar, y mi hija es lo más bello que existe en el mundo" solía decir. Yo le ripostaba con venenoso sarcasmo: "menos mal que no fue varón porque le hubieras puesto Rocinante..." y Pedro moría de risa)
De inteligencia preclara, estudiaba derecho pero escribía poesía. Los versos fluían de su mente como agua de un río. Hablar con Pedro por cinco minutos era suficiente para querer ser como él. Tenía una alma transparente que estoy seguro olía a pureza.
Pero aquella alma también odiaba, odiaba la injusticia y adiaba la opresión con todo su corazón. A pesar de su naturaleza frágil Pedro no conocía el miedo, y denunciaba la injusticia desde el techo de su casa, en una época en la que nadie se atrevía a mencionar la palabra injusticia ni debajo de su cama. 
Cuando sentí la necesidad de incorporarme tímidamente a la lucha del pueblo salvadoreño por su liberación, hablé con un compañero quien de inmediato hizo arreglos para mi iniciación. 
 Días más tarde me dijo que ya estaba el contacto, que era un hombre con quien nos encontraríamos en una cafetería cercana al parque Cuscatlán en San Salvador; que iba a estar leyendo una revista Selecciones del Reader's Digest y se iba a estar tomando una Coca Cola. Y siguió: que yo tendría que llevar mi reloj en la muñeca derecha y una corbata aflojada en el pescuezo, y que cuando yo entrara a la cafetería también pidiera una Coca Cola y él me iba a saludar con un seudónimo que previamente yo había escogido. 
Pues se llegó el anticipado día y dicho y hecho. Al entrar a la cafetería vi nada menos que a Pedro Flores leyendo una Selecciones del Reader's Digest ("puta, qué desconocido el que me mandaron, por poco me mandan a Fidel Castro," pensé para mi coleto.) Solo había un pequeño problema: Pedro no estaba tomando Coca Cola, sino Uva, y la disciplina mandaba que con una de las señas que faltara, ya no se hiciera el contacto. 
Al entrar al cafetín, pedí una Coca Cola. Por respuesta el empleado del negocio me dijo "En este momento se nos han terminado las Cocas caballero"; acto seguido, pedí una Uva, a ello siguió el saludo de Pablo, que era Pedro, a Vladimir, que era yo, y reaccioné con la misma alegría de viejos amigos que se encuentran de casualidad.Tiempo más tarde me diría que le había impresionado mi inmediata reacción al no haber encontrado la Coca y pedir una Uva. Viniendo de Pedro aquel era un gran cumplido.
A partir de aquel momento iniciamos una estrecha relación que de compañeros de clandestinidad pronto pasó a franca y abierta amistad. Rompimos todos los códigos de seguridad que se requería en aquellos días entre compañeros de organización. Nos visistábamos en nuestras casas y conectamos con nuestras respectivas familias. Salíamos a todos lados, ya fuera en excursiones familiares, o después de una reunión clandestina, a conversar en un café o en una pupusería.
Ambos conseguimos trabajo de instructores de Historia de las Doctrinas Políticas en la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador.
La amistad de Pedro fue de esas que hacen cambiar la vida misma. El me demostró cuán errado estaba en muchas percepciones y actitudes estúpidas que en aquellos días me caracterizaban. Por ejemplo yo tenía siete años de vivir con mi mujer, ya le había clavado mis tres hijos y no me había casado con ella, la razón: quería andarla pasando de soltero.
-¡Púchica (Pedro no era malcriado) compañero, cómo es posible que no les des tu apellido a una mujer tan bella y virtuosa, y que unos niños tan lindos no sean legítimos! -

El 24 de diciembre de 1981, me estaba casando con mi bella vieja y legitimando a mis tres gorilitas.

Ceremonia de matrimonio. Mis tres hijos ya son testigos del casorio
Otra: hacía dos años yo había egresado de la Facultad y no me sometía a los exámenes privados por estar esperando que egresaran otros compañeros y estudiar juntos.
-Púchica Alfredo, ya perdiste dos años preciosos y no te examinás. Quiere decir que si esos babosos no egresan nunca, tú (Pedro tuteaba) te vas a quedar a tinterillo.

A los días me estaba preparando para los privados y el 25 de junio de 1983 me estaba graduando de licenciado en Ciencias Jurídicas.
Con mi graduación vino mi promoción en la Universidad, de instructor a catedrático titular, todo gracias a Pedro.
Un día apareció una amenza a muerte de un grupo paramilitar escuadronero infiltrado en la Universidad, la nota iba dirigida a 4 profesores incluídos Pedro y yo. Nos decían que si no dejábamos de dar nuestras "clases subversivas" y dejábamos la Universidad, que nos atuviéramos a las consecuencias. Luego de un breve análisis llegamos a la conclusión que seguramente era mara que quería nuestras posiciones en la U la que había escrito la nota, ¡Gravísimo error!
El 13 de septiembre de 1983, antes de entrar a mi clase de las 5:00 pm, Pedro se acercó a mí para decirme que no me esperaría para que lo llevara a su casa porque iba a ir a recoger a Ruthdey a la Facultad de Humanidades. Media hora más tarde explotó la noticia en la Facultad, Pedro Flores había sido secuestrado a pocas cuadras de la Universidad por un grupo de hombres fuertemente armados que se acercaron a él, le preguntaron su nombre, lo tomaron por la fuerza tirándolo de bruces sobre la cama de un pick up, llevándoselo con rumbo desconocido. La clase la suspendí en el acto, desde aquel momento todo fue diferente.

Al día siguiente fue secuestrado el otro de los 4 cuatro compañeros mencionados en la fatídica nota. A Hugo Carrillo le fue peor porque a él lo secuestraron frente a la angustiada mirada de su esposa e hijos.
 


Yo salí del país en octubre de ese mismo año.
En noviembre fue secuestrado el cuarto compañero, el Chele Aguirre, fue sacado a punta de ametralladora de la misma facultad de derecho.
 


Como miles de desaparecidos, jamás volvimos a ver a mi querido amigo Pedro ni a los otros dos compañeros.Pedro Flores Peña, su nombre era una mezcla de de fuerza (Pedro significa piedra), delicadeza (Flores) y determinación a luchar contra la injusticia y opresión (Peña). 


Fueron dos años de amistad que enrumbaron mi vida por un derrotero inimaginado. Nunca terminaré de agradecer a Dios por haberme dado el privilegio de ser amigo de Pedrito.
Hoy que conmemoramos un aniversario más del asesinato de Monseñor Romero, es el día apropiado para recordar a quien también ofrendó su vida en aras de un pueblo con justicia y dignidad.


Donde quiera que estés hermanito, gracias por el hombre que ayudaste a forjar con tu valiosísima amistad.

4 comentarios:

comandante dijo...

Estimado don Fredy Campos.
Interesante su blog.
Le agradeceré si puede comunicarse conmigo al correo pedrurte@hotmail.com
Mi nombre es Mario y resido en El Salvador. Don Pedro Flores sería el abuelo de mis hijas si no hubiese sucedido lo que pasó. Quisiéramos como familia, contar con usted para concoer más el legado de él. Mil gracias.

Dulcinea dijo...

Muchas gracias, Don Alfredo, por revivir con tanto cariño a mi papá. Muchas veces me he preguntado cómo fue esa vida "clandestina" de la que poco me habla mi mamá, por temor, quizá, o por el inmenso dolor que aún le provoca recordarlo. Para mí, mi esposo y mis dos hijas, recontruir su memoria colaboraría a conocerlo, comprenderlo y continuar con su legado. Y, para ser sincera, encontrarme con este texto (que mi esposo buscó con amor) ha sido un golpe al alma. Gracias por responder al correo de mi esposo, seguiremos pues en contacto.
Dulcinea Flores Argueta

ALFREDO CAMPOS dijo...

Dulcinea, tu nota y ver las fotos de tus niñas, que amablemente me ha enviado tu esposo, han sido suficientes para emocionarme al punto de las lágrimas. Hay una mezcla de alegría y dolor en este encuentro con una de las personas que Pedro amaba más en este mundo.

Como yo soy abuelo primerizo de un bebé de veinte meses y estoy experimentando el inconmensurable amor que se siente por un nieto, verte a ti y a esas niñas tan lindas a quienes privaron de un padre y un abuelo infinitamente tierno y amoroso, hace caer plomo derretido en el alma.

Mis respetos para Ruthdey que supo cargar la cruz y hacer un trabajo excepcional al criarte y educarte como lo habría hecho si hubiera estado Pedro a su lado, por favor dale un abrazo muy fuerte de mi parte. A propósito, ella no te puede hablar de la vida "clandestina", porque era vida clandestina.

Recibe mi cariño y apoyo incondicional y la próxima vez que vaya a El Salvador, espero saludarte a ti y a tu esposo y darles una brazo por su abuelito a tus lindísimas hijas.

Atte.,

Alfredo

Adrian Lara dijo...

Me da gusto saber que una persona que alguien que fue compañero de casi todo de mi hermano guarde tremendo cariño y respeto por mi hermano Pedro,me he llenado de emoción al recordar una vez mas la invaluable joya de hermano que perdi. Soy Cristina compañera de vivienda de Pedro cuando soltero y cuando casado. me gustaria entablar comunicación con usted amigo Campos como lo llamaba mi hermano Pedro.