domingo, octubre 25, 2009

A PROPOSITO DE JARAGUA

Lindísima obra del Dr. Napoleón Rodríguez Ruíz, la leí a mediados de los sesentasa instancias de mi profesor de Literatura, el cura Benito Contreras QEPD (Cuando uno se confesaba con este cura se levantaba manudo del confesionario de la gran patada a guaro que le echaba), en el colegio Don Bosco.

El caso es que Jaraguá es quizá la novela costumbrista salvadoreña que más le hace cosquillas a la obra de Salarrué.

El Dr. Rodríguez Ruíz no solo pinta la idiosincracia del campesino salvadoreño, también ridiculiza al tipo de clase media de las zonas urbanas. En una parte de la obra pone en labios de un estudiante de derecho la palabreja haiga "Porque hay estudiantes de derecho que todavía dicen haiga" extrapola nuestro estimado escritor.


Me cabe el privilegio de haber conocido en persona al Dr. Rodríguez Ruíz, él fue decano de la Facultad de Derecho a madiados de los setenta cuando yo era aún un imberbe estudiante.

Viene a mi mente una anécdota que tiene que ver con él y que aquí comparto:


Una tarde yo estaba esperando la siguiente clase echándome un cigarro sentado irreverentemente en el mostrador aledaño a la Adminitración Académica de la Facultad. De pronto el Dr. Rodríguez Ruíz emerge de su oficina en el decanato, posa su mirada en mi dirección y camina directo a mí, "La vieja, este viejo ya me va a ahuevar porque estoy sentado en esta mierda" dije para mi coleto, y cuando llegó frente a mí, sacando un cigarro de su cajetilla me dice:

-Regáleme fuego por favor bachiller Campos!

-Pero por supuesto que sí doctor, faltaba más!

Le expresé por toda respuesta, sintiéndome honrado porque nada menos que el Dr. Rodríguez Ruíz conocía mi nombre.


Finalmente una nota sobre este gran hombre: siendo un intelectual reconocido a nivel continentalal (fue miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua, Correspondiente de la Real Academia Española, su nombre se puede ver en el Diccionario de la Real Academia Española editado en Madrid en 1956, página XV), y un abogado de reputación nacional, pudo haber tenido una oficina en cualquier quinto piso y aire acondicionado en el mero centro de Sivar.

Sin embargo siempre fue consecuente con la causa de los pobres de El Salvador y tuvo su oficina junto con el Dr. Manuel de Jesús Lara, a dos cuadras del Mercado Central en San Salvador, en medio de vendedrores sin puesto, mecapaleros y carretoneros, es decir entre los más pobres de los pobres de El Salvador.


Gracias por amigos por traer a colación este tema que tantos recuerdos despertaron en mí.

2 comentarios:

Wirwin dijo...

Excelente Bro te has topado con personajes magnanimos de nuestra tierra. Puedes considerarte muy afortunado

Alfredo Campos dijo...

Gracias Wir! Personajes tan magnánimos como vos brother!