lunes, febrero 14, 2011

REENCUENTRO CON EL CHUCHO GOMEZ

Pensé que había caído en combate porque el Chucho era un revolucionario de nacimiento. De hecho fue el primer revolucionario de carne y hueso que conocí en mi vida. Claro que antes había sabido de Fidel, el Che y Camilo, pero a ellos sólo los había visto en los diarios y en revistas revolucionarias y en otras no tan revolucionarias. El Chucho Gómez era uno de verdad, a quien vi, a quien oí a quien hablé.

José Roberto Gómez fue uno de los compañeros del colegio Don Bosco con quien hice una química casi inmediata entre los miembros del primer curso C en 1966. Al primero C pertenecíamos los estudiantes físicamente más altos de primer curso del extinto sistema de Plan Básico.

De dónde le salió el apodo nunca lo llegué a saber, quizás venía de herencia familiar porque a su hermano mayor (que sí cayó en la ofensiva Hasta el Tope, de 1989), también le apodaban Chucho.

Lo cierto es que yo gocé mis años en el Don Bosco (del '66 al '69, porque el 70 me fui a graduar de bachiller al Salvadoreño Alemán), en gran parte por la presencia del Chucho Gómez entre mis compañeros.

Chelito, de complexión más bien baja, ojos medio hundidos en una cara que pasaba de seria a encachimada con la mayor facilidad del mundo. No era atlético, porque no lo era, nunca lo vi tocando una pelota de básquetbol ni menos una de fútbol, pero era inteligente, perspicaz, compasivo, honesto, y muy, pero muy chistoso. Por alguna razón yo nunca le tomé en serio su cara de encabronado cuando se encabronaba conmigo, ni siquiera cuando me anduvo correteando en todo el colegio porque le había escrito "soy un chucho" en el espaldar de la camisa, un día que se sentó delante de mí. Es más, todavía me cago de la risa con las anédotas que pasamos cuando en segundo y tercer curso nos tocó estar lado a lado.

El Chucho Gómez había asimilado la teoría marxista antes de leer a Marx, fue un gran ejemplo para mí e hice intentos de imitarle, por lo que no pensé dos veces cuando me invitó a formar parte de la Juventud Estudiantil Católica (JEC), semilla del FMLN, la guerrilla más contundente del continente, después de la de los barbudos de la mayor isla del Caribe, por supuesto.

Frecuentemente nos reuníamos en el edificio de ACUS (Asociación Católica de Universitarios Salvadoreños), y oíamos con interés las charlas del cura Juan de Planke, un tipo alto, fornido de origen belga que era tan profundo en la, en aquel entonces, nueva Teología de la Liberación, lo cual me sorprendía, pero no tanto como su adicción al tabaco. Me quedaron sentimientos encontrados sobre este cura, pero lo que nunca puse en duda fue su fidelidad y compromiso con los pobres.

Tuve la suerte de conocer a los futuros líderes guerrilleros cuando ya un poco más adentro de la organización, asistía a retiros espirituales en el colegio María Auxiliadora, en Los Planes y en Ayagualo. Nombres que posteriormente alcalzaron estatus de celebridad como Rafael Arce Zabla y Joaquín Villalobos, para solo mencionar dos, desfilaron por aquellos retiros.

Luego mi contacto con JEC se truncó cuando mi madre decidió que me debía graduar del colegio Salvadoreño Alemán porque de allí se había graduado mi hermana de secretaria, y quería seguir la tradición. La verdad era que mi vieja había olido la rata y no quería que me involucrara más en la organización católica, pero eso lo supe años más tarde. Sin embargo la semilla había quedado sembrada. Ya no volví a oír del Chucho Gómez.

Pasaron los años y nunca olvidé a mi compañero querido que me enseñó el camino correcto hacia un mundo ideal de justicia y libertad. Hasta que la última semana de diciembre envié un email a una dirección que me dio la corazonada que podía ser de él, y dije para mi coleto "Chis, por sí o por no, le voy a escribir" y lo hice y era él por la gran puta!

Ayer hablamos por teléfono y una dimensión de juventud recuperada se abrió en los dos extremos del teléfono. Veterano de guerra, con su cuerpo marcado con heridas heróicas, un enfisema pulmonar debido a tantos años de nicotina, son el resultado de una vida dedicada a sus ideas y convicciones, con las vicisitudes y sacrificios que conlleva.

Volví a escuchar su voz intensa, su voz que siempre fiel a sus convicciones, mandó a la mierda mis loas por su ejemplo de revolucionario lo cual toma como algo natural. El típico Chucho Gómez.

Hablamos por quién sabe cuánto, acordamos que nos veríamos en mi próximo viaje a El Salvador y nos daríamos un abrazo de hermanos.

Al despedirnos me dejó de nuevo cagado de la risa con una respuesta típica del Chucho: cuando le dije "Cuidate de tanto ladrón que hay en El Salvador, papá", con el mayor desenfado me espetó: "Ellos que se cuiden, es más chiche que yo les termine hueviando."

Es curioso, hace dos semanas perdí a un amigo de casi cuarenta años y hoy recupero a otro con quien estuve separado por un tiempo similar.
Gracias a Dios por el Chucho Gómez.

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