sábado, marzo 19, 2011

LA ORACION POR JAPON



Señor, quiero decirte GRACIAS,
porque hoy me desperté
y sabía dónde estaban mis seres queridos.

Porque esta mañana mi casa estaba en pie,
porque no estoy llorando a mis hijos,
ni a mi esposa, ni a mis padres,
ni a mi hermano o hermana
que necesitan ser rescatados
debajo de una pila de concreto.

Porque esta mañana
pude tomar un vaso de agua,
y no estoy planificando un funeral,
y ante todo te agradezco Señor
que todavía estoy vivo
y tengo voz para orar
por la gente de JAPON.

Señor, te ruego a ti,
el único que hace posible lo imposible,
el único que transforma la oscuridad en luz,
te ruego que les des fuerza a esas madres
que están sufriendo;
que les des la paz
que supera cualquier entendimiento;
que abras las calles
para que la ayuda llegue;
que proveas doctores,
enfermeras, comida, agua
y todo lo que ellos necesiten.

Para los que perdieron a sus familias,
dales paz, esperanza
y coraje para seguir adelante.
Protege a los niños con tu poder.
Te lo ruego en el nombre
de Nuestro Señor Jesucristo,
Amen.

Anónimo

viernes, marzo 18, 2011

¡POR QUE LES DAN TRABAJO A ESTOS CAFRES!

Habla para que yo te conozca.
Sócrates





Yo vivo en el Area de la Bahía de San Francisco, estado de California, por un tiempo viví en Los Angeles. En ambos casos tenía que comenzar el día con una tristeza que con el tiempo se convirtió en amargura, hasta llegar al punto de, para tener días sosegados, dejé de oír radio en emisoras locales en español.

Dado que en Estados Unidos tenemos pocas opciones en cuanto a trabajadores del micrófono, y los controles de calidad del estado sobre los medios de comunicación en español no parecen ser tan estrictos como los ejercidos con los medios en inglés, por razones que mi razón desconoce, los dueños de radiodifusoras, contratan a locutores que no solo dejan mucho que desear, sino, dejan todo que desear al momento de ponerse frente al micrófono a vociferar por un número de horas que tenemos que soportarlos.

Desde voces chillonas que ultrajan el oído, pasando por acentos de países de donde vienen (se sabe que en el mundo de los medios los locutores deben sonar neutrales), hasta el uso vulgar y ofensivo del idioma, las horas se pasan y los radioescuchas tenemos que estar sufriendo aquel infierno fonético, pagando en vida por adelantado lo que vamos a ir a sufrir después de muertos.

Regionalismos de sus países que solo lo entienden sus connacionales, frases en inglés intercaladas con el español, carcajadas que no tienen nada que envidiarle al aullido de una hiena, y fusilamientos idiomáticos como los detestables vulgarismos "hubieron" por hubo, o agregarle "s" a la forma tú del pretérito de los verbos, por ejemplpo dicen fuistes, por fuiste, llamastes, por llamaste, etc. Todo sin contar con el avominable haiga a cambio de la forma subjuntiva de haber: haya, son el pan de cada día en las emisoras que transmiten en español en Estados Unidos. Sacrificio y tortura de una audiencia que impotente ve pasar los días sin que una voz piadosa de rescate se levante en contra de aquel asesinato de nuestra lengua.

Si acaso, cuando abandone el barrio, me voy sin escalas al chimbolero, todo lo que le voy a pedirle al jefe es que no me vaya a mandar al castigo de oír a estos cafres por toda la eternidad. No sería justo seguir sufriendo en el más allá después de haber soportado la desgarradora tortura de escuchar a estos lengüelatas en el más acá.


lunes, marzo 14, 2011

CON ANGELES EN LOS ANGELES

Con Hugo y Milton en un restaurante de comida mexicana. Hollywood Boulevard, Los Angeles

Somos amigos desde 1970, Milton tenía quince años y un cerebro brillante, Huguito solo contaba diez añitos y una capacidad infinita de joder que desafiaba a un tsunami, y yo no tenía ninguna de esas edades.

Eran los días de la colonia Las Colinas al norte de Mejicanos, en mi San Salvador del alma, días en los que sólo nos preocupaba comer, dormir y cantarles a las novias del resto de amigos y vecinos, porque para nosostros no había: Hugo estaba muy chiquito, Milton era muy intelectual y yo muy federal.

A Hugo no lo veía desde el verano del 2007 que lo visitamos, mi mujer y yo, en Sydney Australia; a Milton, desde el 2002 que viajó de Los Angeles a San Rafael, para ver a Hugo, ya que precisamente había venido a visitarnos en su paso de Australia, para El Salvador.

Hoy me tocó a mí pagarles la visita ya que Huguito también viaja de Australia para el Pulgarcito.

Fue un gran día. En el minúsculo aeropuerto Municipal de Long Beach alquilo un carro por una suma casi de risa, y ¡Al camino! El CD player no aceptó el "chavela" de Manzanero que llevaba, y gracias a Dios, porque al encender el radio me saluda Lennon con ♫I want youuuuu, I want you so bad baby...!♫ En una emisora del Area de Los Angeles hay un programa que se llama "Breakfast with the Beatles" y qué feliz casualidad!

Me meto en las perfectas telarañas terrestres de la gran ciudad, en la autopista 405 North, y disfrutando la música de mis ídolos por excelencia, y embebido en el paisaje urbano de Los Angeles con sus memorias sacratísimas de hace 25 años que viví aquí, que incluyen un tesoro que guardo en un lugar secreto de la ciudad, tan secreto que ni yo mismo lo ubico, pero que estoy seguro que aquí está,...En estos pensamientos navegando, cuando vuelvo a la realidad advierto que estoy saliendo con rumbo norte, voy otra vez para San Francisco!

Habíamos acordado con mis amigos, juntarnos en un lugar intermendo del aeropuerto y el valle de San Fernando, que es donde vive Milton, y en donde se está quedando Huguito, para que ninguno de los dos saliera trasquilado llegando hasta el extremo del otro. Pero ya me he pasado! ¡Qué ahuevada, y con lo que le presumí a Milton por teléfono que no se preocupra, que yo conocía LA como la palma de mi mano! ¡Fanfarrón de mierda, ya te fuiste a perder...!

¡La vieja. Voy a ver cómo putas hago para regresarme! Luego de algunas maniobras de viejo manipulador de los freeways gringos, regresé sobre mis pasos y después de sortear los obligados tapones vehiculares propios de esta movidísima ciudad, llego al punto donde habíamos quedado: como buenos esquineros sospechosos y con el agravante de ser salvadoreños, una esquina del famoso Paseo de las Estrellas en Hollywood Boulevard. ¿En dónde más se podían juntar tres estrellas?

Allá estaban mis panas, allá los veía cabeceando a diestra y siniestra para ver si aperecía el mayor de los tres, con anticipación reflejada en sus rostros que sin embargo guardan la frescura del amor fraterno, del que se hace más genuino conforme pasan los años. Al fin me encuentran con la mirada y sus ojos reflejan más brillo que el de todas lastrellas de aquel paseo juntas.

Hicimos lo que nos gusta: caminar, comer y hablar. Caímos en un reestaurante de la mejor comida mexicana en el área y, conociendo a la perfección mi egomanía, mis panitas me dejaron a mí primero hablar hasta por los codos, y luego hablaron ellos.

Ah, pero eso no fue todo, también reímos. Con Huguito nos cagamos de la risa por los controles de calidad a los que es sometido cada 30 minutos por su segunda mitad el pobre Cerebrito Brillantito.

Luego nos divirtió un amigo de Huguito de East Los Angeles que lo llamó por teléfono y nos estaba invitando a comer "a una finca tenía, en donde se daban mangos, guayabas y jocotes." Y exploto yo:

-Ja, ja, ja, ja, ja! Asaber de cuál habrá fumado ese maje. Para empezar en todo East LA no vas a encontrar una sola finca, y esas frutas que menciona son de clima tropical, y aquí estamos en clima mediterráneo.

Después ellos se cagaron de la risa de mi concepto de respetar la naturaleza. A la pregunta de Milton de cuándo me voy a pintar el pelo y la barba, mi respuesta con semblante determinado fue:

Brother, yo respeto la naturaleza, especialmente mi naturaleza, nunca me voy a pintar el pelo, ni a usar implantes, ni a tomar viagra.

El tiempo pasó más fugaz de lo que esperábamos, como es normal cuando estamos con una buena compañía. Hacia el final, ellos me dieron su sarpazo de sarcasmo: bueno Fredy, queremos presumir la amistad del Gran Navegante, nos tenés que dar tu autógrafo.

Milton no puede creer que su ídolo (de barro), por fin le da su atógrafo☺

Y yo, que no me trago la paja pero que la saboreo, les respondo: vergón, brothers, pero tiene que ser como las estrellas, en el lomo de sus camisas, ja, ja, ja! Y espués me dan los suyos a mí, cabrones.

Huguito "feliz" de recibir el autógrafo de El Gran Navegante

Al despedirnos, sin ocultar un dejo de emoción, nos quedó la impresión de que la charla no había terminado, que la íbamos a continuar quién sabe dónde y cuándo. De una cosa sí estábamos seguros, de que aquella tarde en Los Angeles, habíamos estado entre ángeles.

sábado, marzo 05, 2011

EL PROYECTO MONTAÑAS HERMANAS

Quienes leen mi blog o son mis amigos en las redes sociales, podrán pensar que presumo de haber realizado el American Dream y me he olvidado de El Salvador. Nada más lejano a la realidad.


The Sister Mountain Project of Marin. Mill Valley, California. Mi hermano Guillermo, al centro de pie, y yo al centro sentado.

Mi corazón y mi alma están en mi país. Yo tuve que salir de El Salvador porque siempre creí que merecía un cambio de rumbo y me metí en camisa de once varas. Tuve que huir para salvar el pellejo.

Con miembros de la comunidad, departiendo después de una tremenda pupuseada que de solo acordarme me dan ganas de regresar.

Tengo la convicción de que el talento e inteligencia, cuando se saben aplicar, y cuando trabajás duro, traerá por consecuencia lógica el éxito en todos los aspectos de la vida. Pero también llevo clavadas en mi mente y en mi alma mis ideas progresistas en favor de los más necesitados de mi país.


Una recepción increíble: niños bailando ritmos típicos guanacos. El irreverente canino, protege a sus amitos de "cualquier extraño".

Cuando terminó la guerra en 1992, con la ayuda de un grupo de americanos con el corazón bien puesto a la izquierda de su pecho, iniciamos un proyecto, que dura hasta este día, el Proyecto Montañas Hermanas, mediante el cual, todos los años recaudamos cerca de cinco mil dólares para pagar salarios de profesores de extracción popular quienes forjan las vidas de los niños de la pequeña Comunidad "Guillermo Ungo" en el Sur del cerro de Guazapa, sitio heróico en la época de la guerra, conocido como "Un Dardo en el Corazón del Enemigo".


Con orgullo y alegría pongo en manos de don Fito Guerrero, líder de la comunidad Guillermo Manuel Ungo, el cheque que llevará pan a la mesa de cuatro profesores populares de Guazapa, y sabiduría a las mentes de cientos de niños salvadoreños☼.

El nombre se debe a que hermanamos la montaña más grande del norte de la Bahía de San Francisco, el Mt. Tamalpais, con el cerro de Guazapa, escenario de mil batallas entre las heróicas fuerzas guerrilleras y el ejército nacional en los 12 años de guerra civil.

Todos los años, sin mucha alharaca, viajamos tierra adentro en mi país para entregar la suma que, además de llevar pan a la mesa de trabajadores de la educación, lleva sabiduría a las mentes y los espíritus de estudiantes de la comunidad, contribuyendo así con el factor más sentido en el desarrollo de un país, como lo es la educación.

Esto es la verdadera realización de mi American Dream.

martes, marzo 01, 2011

UN DIA EN LA VIDA EN BERMUDAS

Donde la sonrisa, la amabilidad y la cooperación están siempre tan presentes como el mar.



Dado que los cálculos nos fallaron pues nunca se nos ocurrió echar un vistazo a la posición geográfica de las Bermudas, (más al norte de lo que imaginamos), no pudimos hacer realidad el sueño de irnos a dar un chapuzón a sus paradisíacas playas. Hacía tanto o más frío que en California por lo que mi mujer y yo tuvimos que echar mano del plan B, y qué bueno porque de no haber sido así, jamás nos hubiéramos acercado a la gente más linda del planeta, no hubiésemos experimentado su amabilidad que raya en el cariño, ni contemplado tierra adentro, ni aprendido algo de la historia de esta gema incrustada en el Caribe.

Por una de esas coincidencias que a mí me hacen creer en Dios, sin saberlo reservé un cuarto en un hotel que está localizado en la ciudad de Grotto Bay, a cinco minutos del aeropuerto internacional L. F. Wade. Normalmente cuando viajamos rentamos un carro y le damos a donde nos apunte el pico en el país de que se trate. En Bermudas no se puede hacer esto: por ley no hay carros para alquilar. Sólo se puede manejar uno en taxi o en transporte colectivo.

Agarrándolo por el lado amable, fue mejor que así ocurriera, ya que nos ahorramos dinero y estres, además de que disfrutamos del paisaje increíblemente bello de uno de los rincones menos elogiados del planeta.




Compramos un boleto para usar el magnífico transporte público de la isla, una verdadera ganga a los doce dólares que cuesta, si tomamos en cuenta que es bueno para usarlo todo el día en bus y ferry. La otra buena nueva fue que la parada de buses que nos llevaría a Hamilton, capital del país, la teníamos enfrente del hotel. Abordamos aquel bus amplio y casi vacío que por momentos pensé que era solo para nosotros. Calles estrechas, se maneja en el carril izquierdo y el vehículo lleva el timón a la derecha, muy al estilo inglés, cosa que se entiende si consideramos que Bermudas es un estado colonial británico.





Cuando entramos al país nos saludó en el aeropuerto un agente de migración amable en exceso, pues ese fue el modelo que vimos en todo el viaje, nunca en ninguno de los tantos países visitados, habíamos visto, por ejemplo, que la gente saludara a todo el mundo al entrar al bus.

MONUMENTO A LIBERTAD

Caminando a lo largo de la playa en Hamilton me detuve a ver un monumento en cuya placa leí una historia que mueve a llanto. En pocas palabras, narra la historia del Bergantín Enterprise, que fue obligado a zarpar en la isla por los poderosos huracanes que son frecuentes y normales en esta región. La embarcación llevaba una carga de 92 esclavos negros hacia estados del sur de Estados Unidos cuando naufragó, era en marzo de 1835; en enero de ese mismo año se había abolido la esclavitud en la isla por lo que, muy a pesar de la rabia de los infames blancos esclavistas de la tripulación, los prisioneros fueron invitados a quedarse en el país como hombres libres.

Un mercado en Dockyards

De Hamilton tomamos un ferry para la ciudad de Dockyards en el extremo noroeste de la isla, y de aquí regresamos a Grotto Bay en bus. En el trayecto, niños de colegio abordaban el bus solos sin el menor asomo de temor, al contrario, sintiéndose protegidos por la comunidad que los trata con cariño. Hicimos una escala en Hamilton de nuevo para explorar otras areas de la ciudad, luego abordamos un último bus para St. George en el extremo sureste por el prurito de cumplir el capricho de haber recorrido el país entero en un día. Nuestra idea era cenar aquí, pero ya a las siete dela noche la histórica ciudad está desolada.

Un negocio de seguros con el nombre de mi equipo lindo en Hamilton


Regresamos a nuestro hotel en Grotto Bay con la alegría de haber disfrutado una ciudad segura y alegre, y haber interactuado con un pueblo amable y muy orgulloso de su país, un país en donde no se ve un tan solo niño de la calle, un tan solo limosnero ni un tan solo signo de subdesarrollo, porque como me respondió el taxista que nos llevó del aeropuerto al hotel, cuando le pregunté si se sentían bien en Bermudas siendo una colonia de Inglaterra: "Mientras la economía sea sólida y no nos falte pan en nuestra mesa, a nosotros no nos importa ser colonia del Reino Unido."

No nos bañamos en sus playas, pero nos inundamos de la amabilidad de sus gentes. Así es Bermudas.


Y lo mejor del viaje: el regreso a casa. En el vuelo de regreso, atendiendo las indicaciones de la aeromoza