viernes, marzo 18, 2011

¡POR QUE LES DAN TRABAJO A ESTOS CAFRES!

Habla para que yo te conozca.
Sócrates





Yo vivo en el Area de la Bahía de San Francisco, estado de California, por un tiempo viví en Los Angeles. En ambos casos tenía que comenzar el día con una tristeza que con el tiempo se convirtió en amargura, hasta llegar al punto de, para tener días sosegados, dejé de oír radio en emisoras locales en español.

Dado que en Estados Unidos tenemos pocas opciones en cuanto a trabajadores del micrófono, y los controles de calidad del estado sobre los medios de comunicación en español no parecen ser tan estrictos como los ejercidos con los medios en inglés, por razones que mi razón desconoce, los dueños de radiodifusoras, contratan a locutores que no solo dejan mucho que desear, sino, dejan todo que desear al momento de ponerse frente al micrófono a vociferar por un número de horas que tenemos que soportarlos.

Desde voces chillonas que ultrajan el oído, pasando por acentos de países de donde vienen (se sabe que en el mundo de los medios los locutores deben sonar neutrales), hasta el uso vulgar y ofensivo del idioma, las horas se pasan y los radioescuchas tenemos que estar sufriendo aquel infierno fonético, pagando en vida por adelantado lo que vamos a ir a sufrir después de muertos.

Regionalismos de sus países que solo lo entienden sus connacionales, frases en inglés intercaladas con el español, carcajadas que no tienen nada que envidiarle al aullido de una hiena, y fusilamientos idiomáticos como los detestables vulgarismos "hubieron" por hubo, o agregarle "s" a la forma tú del pretérito de los verbos, por ejemplpo dicen fuistes, por fuiste, llamastes, por llamaste, etc. Todo sin contar con el avominable haiga a cambio de la forma subjuntiva de haber: haya, son el pan de cada día en las emisoras que transmiten en español en Estados Unidos. Sacrificio y tortura de una audiencia que impotente ve pasar los días sin que una voz piadosa de rescate se levante en contra de aquel asesinato de nuestra lengua.

Si acaso, cuando abandone el barrio, me voy sin escalas al chimbolero, todo lo que le voy a pedirle al jefe es que no me vaya a mandar al castigo de oír a estos cafres por toda la eternidad. No sería justo seguir sufriendo en el más allá después de haber soportado la desgarradora tortura de escuchar a estos lengüelatas en el más acá.


lunes, marzo 14, 2011

CON ANGELES EN LOS ANGELES

Con Hugo y Milton en un restaurante de comida mexicana. Hollywood Boulevard, Los Angeles

Somos amigos desde 1970, Milton tenía quince años y un cerebro brillante, Huguito solo contaba diez añitos y una capacidad infinita de joder que desafiaba a un tsunami, y yo no tenía ninguna de esas edades.

Eran los días de la colonia Las Colinas al norte de Mejicanos, en mi San Salvador del alma, días en los que sólo nos preocupaba comer, dormir y cantarles a las novias del resto de amigos y vecinos, porque para nosostros no había: Hugo estaba muy chiquito, Milton era muy intelectual y yo muy federal.

A Hugo no lo veía desde el verano del 2007 que lo visitamos, mi mujer y yo, en Sydney Australia; a Milton, desde el 2002 que viajó de Los Angeles a San Rafael, para ver a Hugo, ya que precisamente había venido a visitarnos en su paso de Australia, para El Salvador.

Hoy me tocó a mí pagarles la visita ya que Huguito también viaja de Australia para el Pulgarcito.

Fue un gran día. En el minúsculo aeropuerto Municipal de Long Beach alquilo un carro por una suma casi de risa, y ¡Al camino! El CD player no aceptó el "chavela" de Manzanero que llevaba, y gracias a Dios, porque al encender el radio me saluda Lennon con ♫I want youuuuu, I want you so bad baby...!♫ En una emisora del Area de Los Angeles hay un programa que se llama "Breakfast with the Beatles" y qué feliz casualidad!

Me meto en las perfectas telarañas terrestres de la gran ciudad, en la autopista 405 North, y disfrutando la música de mis ídolos por excelencia, y embebido en el paisaje urbano de Los Angeles con sus memorias sacratísimas de hace 25 años que viví aquí, que incluyen un tesoro que guardo en un lugar secreto de la ciudad, tan secreto que ni yo mismo lo ubico, pero que estoy seguro que aquí está,...En estos pensamientos navegando, cuando vuelvo a la realidad advierto que estoy saliendo con rumbo norte, voy otra vez para San Francisco!

Habíamos acordado con mis amigos, juntarnos en un lugar intermendo del aeropuerto y el valle de San Fernando, que es donde vive Milton, y en donde se está quedando Huguito, para que ninguno de los dos saliera trasquilado llegando hasta el extremo del otro. Pero ya me he pasado! ¡Qué ahuevada, y con lo que le presumí a Milton por teléfono que no se preocupra, que yo conocía LA como la palma de mi mano! ¡Fanfarrón de mierda, ya te fuiste a perder...!

¡La vieja. Voy a ver cómo putas hago para regresarme! Luego de algunas maniobras de viejo manipulador de los freeways gringos, regresé sobre mis pasos y después de sortear los obligados tapones vehiculares propios de esta movidísima ciudad, llego al punto donde habíamos quedado: como buenos esquineros sospechosos y con el agravante de ser salvadoreños, una esquina del famoso Paseo de las Estrellas en Hollywood Boulevard. ¿En dónde más se podían juntar tres estrellas?

Allá estaban mis panas, allá los veía cabeceando a diestra y siniestra para ver si aperecía el mayor de los tres, con anticipación reflejada en sus rostros que sin embargo guardan la frescura del amor fraterno, del que se hace más genuino conforme pasan los años. Al fin me encuentran con la mirada y sus ojos reflejan más brillo que el de todas lastrellas de aquel paseo juntas.

Hicimos lo que nos gusta: caminar, comer y hablar. Caímos en un reestaurante de la mejor comida mexicana en el área y, conociendo a la perfección mi egomanía, mis panitas me dejaron a mí primero hablar hasta por los codos, y luego hablaron ellos.

Ah, pero eso no fue todo, también reímos. Con Huguito nos cagamos de la risa por los controles de calidad a los que es sometido cada 30 minutos por su segunda mitad el pobre Cerebrito Brillantito.

Luego nos divirtió un amigo de Huguito de East Los Angeles que lo llamó por teléfono y nos estaba invitando a comer "a una finca tenía, en donde se daban mangos, guayabas y jocotes." Y exploto yo:

-Ja, ja, ja, ja, ja! Asaber de cuál habrá fumado ese maje. Para empezar en todo East LA no vas a encontrar una sola finca, y esas frutas que menciona son de clima tropical, y aquí estamos en clima mediterráneo.

Después ellos se cagaron de la risa de mi concepto de respetar la naturaleza. A la pregunta de Milton de cuándo me voy a pintar el pelo y la barba, mi respuesta con semblante determinado fue:

Brother, yo respeto la naturaleza, especialmente mi naturaleza, nunca me voy a pintar el pelo, ni a usar implantes, ni a tomar viagra.

El tiempo pasó más fugaz de lo que esperábamos, como es normal cuando estamos con una buena compañía. Hacia el final, ellos me dieron su sarpazo de sarcasmo: bueno Fredy, queremos presumir la amistad del Gran Navegante, nos tenés que dar tu autógrafo.

Milton no puede creer que su ídolo (de barro), por fin le da su atógrafo☺

Y yo, que no me trago la paja pero que la saboreo, les respondo: vergón, brothers, pero tiene que ser como las estrellas, en el lomo de sus camisas, ja, ja, ja! Y espués me dan los suyos a mí, cabrones.

Huguito "feliz" de recibir el autógrafo de El Gran Navegante

Al despedirnos, sin ocultar un dejo de emoción, nos quedó la impresión de que la charla no había terminado, que la íbamos a continuar quién sabe dónde y cuándo. De una cosa sí estábamos seguros, de que aquella tarde en Los Angeles, habíamos estado entre ángeles.

sábado, marzo 05, 2011

EL PROYECTO MONTAÑAS HERMANAS

Quienes leen mi blog o son mis amigos en las redes sociales, podrán pensar que presumo de haber realizado el American Dream y me he olvidado de El Salvador. Nada más lejano a la realidad.


The Sister Mountain Project of Marin. Mill Valley, California. Mi hermano Guillermo, al centro de pie, y yo al centro sentado.

Mi corazón y mi alma están en mi país. Yo tuve que salir de El Salvador porque siempre creí que merecía un cambio de rumbo y me metí en camisa de once varas. Tuve que huir para salvar el pellejo.

Con miembros de la comunidad, departiendo después de una tremenda pupuseada que de solo acordarme me dan ganas de regresar.

Tengo la convicción de que el talento e inteligencia, cuando se saben aplicar, y cuando trabajás duro, traerá por consecuencia lógica el éxito en todos los aspectos de la vida. Pero también llevo clavadas en mi mente y en mi alma mis ideas progresistas en favor de los más necesitados de mi país.


Una recepción increíble: niños bailando ritmos típicos guanacos. El irreverente canino, protege a sus amitos de "cualquier extraño".

Cuando terminó la guerra en 1992, con la ayuda de un grupo de americanos con el corazón bien puesto a la izquierda de su pecho, iniciamos un proyecto, que dura hasta este día, el Proyecto Montañas Hermanas, mediante el cual, todos los años recaudamos cerca de cinco mil dólares para pagar salarios de profesores de extracción popular quienes forjan las vidas de los niños de la pequeña Comunidad "Guillermo Ungo" en el Sur del cerro de Guazapa, sitio heróico en la época de la guerra, conocido como "Un Dardo en el Corazón del Enemigo".


Con orgullo y alegría pongo en manos de don Fito Guerrero, líder de la comunidad Guillermo Manuel Ungo, el cheque que llevará pan a la mesa de cuatro profesores populares de Guazapa, y sabiduría a las mentes de cientos de niños salvadoreños☼.

El nombre se debe a que hermanamos la montaña más grande del norte de la Bahía de San Francisco, el Mt. Tamalpais, con el cerro de Guazapa, escenario de mil batallas entre las heróicas fuerzas guerrilleras y el ejército nacional en los 12 años de guerra civil.

Todos los años, sin mucha alharaca, viajamos tierra adentro en mi país para entregar la suma que, además de llevar pan a la mesa de trabajadores de la educación, lleva sabiduría a las mentes y los espíritus de estudiantes de la comunidad, contribuyendo así con el factor más sentido en el desarrollo de un país, como lo es la educación.

Esto es la verdadera realización de mi American Dream.

martes, marzo 01, 2011

UN DIA EN LA VIDA EN BERMUDAS

Donde la sonrisa, la amabilidad y la cooperación están siempre tan presentes como el mar.



Dado que los cálculos nos fallaron pues nunca se nos ocurrió echar un vistazo a la posición geográfica de las Bermudas, (más al norte de lo que imaginamos), no pudimos hacer realidad el sueño de irnos a dar un chapuzón a sus paradisíacas playas. Hacía tanto o más frío que en California por lo que mi mujer y yo tuvimos que echar mano del plan B, y qué bueno porque de no haber sido así, jamás nos hubiéramos acercado a la gente más linda del planeta, no hubiésemos experimentado su amabilidad que raya en el cariño, ni contemplado tierra adentro, ni aprendido algo de la historia de esta gema incrustada en el Caribe.

Por una de esas coincidencias que a mí me hacen creer en Dios, sin saberlo reservé un cuarto en un hotel que está localizado en la ciudad de Grotto Bay, a cinco minutos del aeropuerto internacional L. F. Wade. Normalmente cuando viajamos rentamos un carro y le damos a donde nos apunte el pico en el país de que se trate. En Bermudas no se puede hacer esto: por ley no hay carros para alquilar. Sólo se puede manejar uno en taxi o en transporte colectivo.

Agarrándolo por el lado amable, fue mejor que así ocurriera, ya que nos ahorramos dinero y estres, además de que disfrutamos del paisaje increíblemente bello de uno de los rincones menos elogiados del planeta.




Compramos un boleto para usar el magnífico transporte público de la isla, una verdadera ganga a los doce dólares que cuesta, si tomamos en cuenta que es bueno para usarlo todo el día en bus y ferry. La otra buena nueva fue que la parada de buses que nos llevaría a Hamilton, capital del país, la teníamos enfrente del hotel. Abordamos aquel bus amplio y casi vacío que por momentos pensé que era solo para nosotros. Calles estrechas, se maneja en el carril izquierdo y el vehículo lleva el timón a la derecha, muy al estilo inglés, cosa que se entiende si consideramos que Bermudas es un estado colonial británico.





Cuando entramos al país nos saludó en el aeropuerto un agente de migración amable en exceso, pues ese fue el modelo que vimos en todo el viaje, nunca en ninguno de los tantos países visitados, habíamos visto, por ejemplo, que la gente saludara a todo el mundo al entrar al bus.

MONUMENTO A LIBERTAD

Caminando a lo largo de la playa en Hamilton me detuve a ver un monumento en cuya placa leí una historia que mueve a llanto. En pocas palabras, narra la historia del Bergantín Enterprise, que fue obligado a zarpar en la isla por los poderosos huracanes que son frecuentes y normales en esta región. La embarcación llevaba una carga de 92 esclavos negros hacia estados del sur de Estados Unidos cuando naufragó, era en marzo de 1835; en enero de ese mismo año se había abolido la esclavitud en la isla por lo que, muy a pesar de la rabia de los infames blancos esclavistas de la tripulación, los prisioneros fueron invitados a quedarse en el país como hombres libres.

Un mercado en Dockyards

De Hamilton tomamos un ferry para la ciudad de Dockyards en el extremo noroeste de la isla, y de aquí regresamos a Grotto Bay en bus. En el trayecto, niños de colegio abordaban el bus solos sin el menor asomo de temor, al contrario, sintiéndose protegidos por la comunidad que los trata con cariño. Hicimos una escala en Hamilton de nuevo para explorar otras areas de la ciudad, luego abordamos un último bus para St. George en el extremo sureste por el prurito de cumplir el capricho de haber recorrido el país entero en un día. Nuestra idea era cenar aquí, pero ya a las siete dela noche la histórica ciudad está desolada.

Un negocio de seguros con el nombre de mi equipo lindo en Hamilton


Regresamos a nuestro hotel en Grotto Bay con la alegría de haber disfrutado una ciudad segura y alegre, y haber interactuado con un pueblo amable y muy orgulloso de su país, un país en donde no se ve un tan solo niño de la calle, un tan solo limosnero ni un tan solo signo de subdesarrollo, porque como me respondió el taxista que nos llevó del aeropuerto al hotel, cuando le pregunté si se sentían bien en Bermudas siendo una colonia de Inglaterra: "Mientras la economía sea sólida y no nos falte pan en nuestra mesa, a nosotros no nos importa ser colonia del Reino Unido."

No nos bañamos en sus playas, pero nos inundamos de la amabilidad de sus gentes. Así es Bermudas.


Y lo mejor del viaje: el regreso a casa. En el vuelo de regreso, atendiendo las indicaciones de la aeromoza

domingo, febrero 27, 2011

DEL MESON LA BOLSA A LAS PIRAMIDES DE EGIPTO, 1

AUTOBIOGRAFIA
"Tú sabes hasta dónde has llegado solo si te detienes a ver de dónde has comenzado"
Floyd Patterson, Campeón Mundial de boxeo.

LOS CINCUENTA

UN MESON
Una mesón en El Salvador es una unidad habitacional caracterizada por un buen número de piezas, generalmente de mala, o en el mejor de los casos, mediocre, calidad de construcción. Cuenta con un patio en el centro del edificio en el cual hay lavaderos con baños y letrinas para el uso común de sus moradores.

Los mesones en San Salvador surgen a principios del siglo XX para brindar albergue a inmigrantes de otras regiones del país. De acuerdo a la ley salvadoreña una vivienda adquiere la categoría de mesón cuando tiene cuatro o más cuartos dados en alquiler. Son habitaciones de muy bajo costo y en ocasiones de solo un cuarto sin divisiones. Están diseminados en las diversas colonias de San Salvador, aunque también los hay en toda la república,
Quiénes viven en un mesón? Los más pobres de una area urbana. Albergan a familias muchas veces con un gran número de integrantes que pagan un relativamente bajo alquiler mensual por los cuartos.

Tienen un encargado que ostenta "el poder" y el prestigioso título de mesonero, que atiende los asuntos del inmueble. Algunas de sus funciones son recoger el dinero del alquiler, barrer el patio, y hacer reparaciones que no requieran mayor experticia. Ocasionalmente hace las veces de mediador en conflictos, que abundan entre los inquilinos, y es quien tiene contacto directo con el dueño de la propiedad.

Hoy día abundan en El Salvador mesones en un estado muy deplorable, algunos no son ni siquiera habitables, sin embargo aun se atreven a morir, antes que a vivir allí, familias que son trágicamente acuciadas por la pobreza, porque en El Salvador, según estadísticas de Naciones Unidas, familias enteras viven con treinta centavos diarios.
En todos los países pobres hay este tipo de vivienda aunque con nombre variados, en México por ejemplo, las llaman vecindades, en Brasil, fabelas, en Argentina, vías miseria, en Perú, chabolas, y callampas en Chile. En El Salvador se llaman mesones, y en uno de estos nací yo.
LOS CINCUENTA, DESCUBRIENDO LA VIDA
(Foto)Circa 1953, Col Luz de San Salvador de pie, mi tía Toña, mi madre conmigo en su regazo, mis hermanas Tita y Dina.
Ingresé al escenario de la vida a las doce y treinta del medio día del Miércoles 24 de diciembre de 1952, en el nada atractivo mesón La Bolsa ubicado sobre la calle Gerardo Barrios en el mero centro de San Salvador (aunque mi primo Toño, primer hijo de mi tía Toña, dice que yo digo que nací en La Bolsa por jactancia, ya que en verdad, nací en el mesón Rodríguez, conocido como el Hoyo, tributario del mesón La Bolsa. Bueno yo le voy a creer más a mi mamá, y ella me dijo que había nacido en la Bolsa.) Soy el tercero de cuatro hermanos que llegamos a este mundo a través del vientre de doña Marta López, soy el primer varón, lo cual me hizo un ser muy especial ante sus ojos.
El nombre de mi papá era Jesús Campos, oriundo de Chinameca, un pueblo de San Miguel en el oriente de El Salvador, rara coincidencia que mi abuela materna también haya nacido allí.
Por la línea materna mis abuelos fueron: Rosa López y Jesús Guandique, por la línea paterna fueron Ester Quintanilla y Aureliano Campos. Mi abuelita llegó a trabajar de sirvientía a una de las casas de los ricos Guandique (en aquel tiempo, dueños de la hacienda cafetalera El Pacayal, de Chinameca), y, como es tradición en El Salvador, uno de los hijos de los patrones, el susodicho Jesús, la sedujo, y de esa relación salió mi madre.
De los Guandique heredé mi ancestro holandés, lo digo sin asomo de jactancia, pero con mucho orgullo*; por el lado Campos heredé mi ancestro mulato, lo digo sin asomo de vergüenza, y también con mucho orgullo. El resto de mis hermanos son Blanca Dina, Marta Angélica, mayores que yo y José Guillermo, mi menor, los tres ellos forman parte indeleble en mi vida.

(
Foto) Circa 1953, Col Luz de San Salvador, mis hermanas y mi abuelita, la mesita en la que estoy sentado es la que ocupaba mi mamá para leer las cartas.

PERFIL DE MIS PADRES 
Mi madre fue una mujer de mucha determinación, no llegó más allá del cuarto grado de primaria pero ella soñaba mucho y trabajaba para hacer realidad sus sueños, el principal fue el de educar a sus hijos. A pesar de haber tenido un trabajo muchísimo más que humilde, leía la baraja española, pudo arreglárselas para educarnos. En mí ella plantó la idea de ser un día abogado y se le concedió. 

Otro rasgo especial de mi mamá, era que siempre le gustó lo exquisito y refinado.
Mi papá fue muchísimo más conservador y conformista con lo que le daba la realidad, también tuvo trabajos humildes, cuando se conoció con mi mamá era sereno en San Salvador, del concesionario de carros CIDEMA, hoy DIDEA. Por su extracción campesina no tenía más aspiraciones que vivir este día; en cuanto a sus hijos, se conformaba con que tuvieran un oficio decente, sastre o barbero, por ejemplo; no le interesaba la alta educación, otros dos hijos que tuvo con otras señoras antes de conocer a mi madre, nunca pasaron de peones. Ese lado de mi papá lo detestaba mi mamá.
En todo caso, mi papá poseía una sólida inteligencia, un innato afán de saber y una curiosidad pasiva pero acuciosa. A pesar de haber llegado a la capital de 19 años sin saber la "o" por lo redondo, de forma autodidácta aprendió a leer y a escribir, y lo hacía con una ortografía fenómena.
De esta combinación genética salí yo, tengo rasgos de ambos, por el lado materno soy soñador y trabajo para lograr mis sueños, también me gusta lo exquisito y refinado; por mi papá soy curioso, tengo un afán insaciable por saber y prudente hasta lindar con lo temeroso; por ambos, soy un poco inteligente.
Luego tengo lo mío para terminar el paquete: soy calculador, intuitivo, y de personalidad adictiva; soy obsesivo en mis decisiones pero trato de no molestar a nadie. Odio la tacañería, la codicia y el egoísmo, y me alejo lo más que puedo de gentes que posean esas porquerías. Procuro mantener buenas relaciones con todo el mundo, pero evito gente hipócrita y a nadie detesto más que a amigos traicioneros. Jamás le dirijo la palabra a quien me ofende injustamente o que insulta sin merecerlo a un amigo.
Me encanta la gente de talento tanto como los animales. Siento fascinación y respeto por las mujeres.
Tengo la convicción que las cosas buenas no caen como maná del cielo, y por eso trabajo duro para lograr lo que quiero. Como todo capricornio me encantan las alturas, cuando miro una torre o una montaña me desafían a escalarlas y las escalo o al menos hago el intento, pero cuando he llegado a la cima, siempre regreso a la planicie porque yo pienso, con José Ingenieros, que si me quedo en las alturas corro el riesgo de morir de soledad y de frío.
Aunque físicamente siempre dejé mucho que desear ya que poseo facciones de rasgos duros de prevalencia mulata (una tal Lupe en la colonia Las Colinas de Mejicanos, a principios de los 70 me describió como "feo, creído y acabado"...snif!), siempre me gustaron las mujeres bellas, o al menos que para mí lo fueran.
Tengo también partes débiles y muchos defectos, pero no los voy a nombrar aquí porque me acabaría el espacio cibernético si lo hiciera. 

Foto de febrero de 1957, mi papá sostiene en sus brazos a mi hermano Guillermo. Yo a su lado no parezco que voy a llegar muy lejos, pero empiezo a ensayar la sonrisa que siempre me acompañó en la vida y que tantas cosas buenas me granjeó.

DE UN MESON A UN MESONCITO 
Del mesón donde nací, nos mudadamos a otro mucho más pequeño, estaba localizado en la colonia Luz, al oeste de la ciudad, éste era propiedad de mi tío Meme, hermano de mi madre, siempre por la línea paterna (mi abuelo de veras que era insaciable amante), aquí vivimos un par de años y cultivamos buenas amistades con vecinos solidarios, recuerdo algunos nombres: don Ramiro, la niña Noy, creo que era su esposa, tenían una tienda fuerte. 
Mis primeras memorias vienen de estos días, me pinto en un cuarto que quedaba sobre un bordo al que salíamos a jugar. Desde allí teníamos una buena vista a la colonia Dina al frente, y del cerro San Jacinto al Este.
Dominan mis recuerdos de esta etapa, el hecho de que les tenía fobia a los payasos, que en aquellos días pasaban casi en procesión por el barrio quién sabe por qué.
De esta época guardo memorias de mi tío Meme y mis tías Blanca y Julia, ésta, una mujer muy bella que heredó rasgos claros de Guandique, todos ellos hijos también de mi abuelo Jesús Guandique y otra señora que se llamaba Chica. Recuerdo a mis primas Miriam (hija de Blanca) y Gladys (hija de Julia), no sé cual fue el rumbo de todas estas personas. Aquí empecé a jugar mica, libre, arranca-cebolla, esconde-lero y pizpicigaña.
DON ALFREDO
Crecimos en un ambiente de pobreza y felicidad, ambos en abundancia, al separarse de mi papá, mi madre conoció a don Alfredo con quien se casó en 1958, crecimos en un nucleo de siete formado por mi abuelita, mi mamá, mi padrastro y los cuatro hermanos. 
Unos meses más tarde nos mudamos de nuevo unas cuadras hacia el Este, al lado de la colonia Diez de Septiembre, siempre un mesoncito solo que un poco más cómodo, le llamaban "La Flecha", por estar tan cercano a una empresa de buses de ese nombre, viviendo aquí vi por primera vez a don Alfredo. 
Don Alfredo Cisneros era un hombre bien parecido, (ya he dicho que mi madre tenía inclinación a lo exquisito), de gran presencia y muy trabajador, quería mucho a mi mamá y nos respetaba sobremanera a los cuatro hermanos. Yo guardo gratos recuerdo de este hombre bueno, era muy protectivo, él me llevó por primera vez al estadio Flor Blanca de San Salvador, le iba al Aguila; gracias a él también desarrollamos, mi hermano Guillermo y yo, una sensibilidad social. Era un gran admirador de Fidel Castro, que nos transmitió de manera profunda, porque tanto Guillermo como yo admiramos y respetamos al gran líder cubano hasta este día.
Nunca fuimos al kinder, a los seis añitos me recibieron en primer grado en la Escuela Nicolás J. Bran de la colonia 3 de Mayo. Yo la verdad nunca supe por qué mi madre hizo eso, yo sospecho que lo hizo para que le hiciera clavo a Dina, mi hermana mayor, quien siendo tan bonita, atraía bichos como la miel a las moscas; lo cierto es que aquella fue una experiencia medio traumática porque no estaba ni en la edad física, ni con la capacidad emocional ni intelectual para iniciarme en el mundo de mi propia educación. 

Dentro de todo hubo algo bueno: empecé a ejercitar la memoria, me aprendí un fragmento del cuento del Rey Midas que hasta este día buye en mi mente: "Midas era un reyque amaba el oro sobre todas las cosas, un día se le apareció un hada y le dijo..." Hasta hoy no sé qué le dijo el hada.

DE UN MESONCITO A NUESTRA PROPIA CASA
En un acto de bondad de la rica tía Paula, hermana de mi abuelo Jesús Guandique, éste había muerto muy joven al caerse de un caballo en su hacienda en Chinameca, aquélla le regaló cinco mil colones a mi madre “para que se comprara un terrenito y dejara de andar rodando con sus criaturas”. Dicho y hecho, mi mamá se compró un terreno en la colonia Dreyfus de San Salvador a donde, luego de haber construído una su "mediagüita" con la ayuda de mi padrastro, nos mudamos en el último trimestre de1959.
En la colonia Luz quedó un pedacito de mi infancia, en ese recodo de tiempo y espacio quedaron las primeras alegrías de mi niñez.
La relación con mi papá siempre siguió intocada, aunque separados, mi mamá nunca plantó en nosotros tendencias en su contra, al contrario, trató por todos los medios de que creciera el contacto padre-hijos. Desde 1964 que ya estábamos más crecidos, Guillermo y yo nos íbamos todos los fines de semana a pasar con mi viejo en el populoso barrio Santanita localizado a unas 20 cuadras de nuestra casa de la Dreyfus. Al salir de clases el sábado nos íbamos ansiosos de comer el delicioso almuerzo que preparaba mi tía Lupe, hermana mayor de mi papá, que cocinaba tan rico que hasta vendía comida en el vecindario. Esta situación nos dio la oportunidad de expander nuestras relaciones amistosas con gente de otro nucleo de la ciudad e intimar con otros parientes.
Mis tías Juana y Menche completaban el trío de hermanas mayores de mi papá,. Aquí teníamos contacto con nuestros primos Lito, Tono, Sonia, Patty y Luis Roberto, eran hijos de María Ester, a su vez hija de mi tía Menche; completaban el grupo de contemporáneos nuestras primas Ana y Tina, hijas de mi tía Chus, también hija de mi tía Menche, mi tía Juana nunca tuvo hijos.(Continuará)
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* El origen de Guandique: viene del holandes Van Dyk. A medida que se fue desplazando por europa (los Guandique también tienen sangre irlandesa y francesa) éste se fue latinizando. Gracias a unas medidas en Centroamerica que facilitaban la entrada de europeos en la region, finalmente el Guandique entró en territorio centroamericano (es más común en El Salvador, Honduras y Nicaragua), debido a la reforma liberal y sus ideologías, claro está. A través de su historia ha cambiado de Van Dyk a Wandike y de éste a Guandique, que es su forma actual, aunque los anteriores son variantes del mismo tronco familiar. Como lo habíamos mencionado antes, el Guandique tiene raíces principalmente holandesas y por consiguiente irlandesas y francesas.
Fuente: misapellidos.com